El invierno muere con los Goya y todos esperamos que la primavera haga su entrada con la siembra y la germinación de proyectos cinematográficos tan o más ambiciosos si cabe que los que hemos podido disfrutar el pasado año. El listón está alto, pero ¿Quiénes se disputan el protagonismo de la noche? ¿Qué ha pasado para que esta gala sea la más importante en mucho tiempo? ¿Qué podemos esperar y dónde existe la posibilidad de la sorpresa? Te lo contamos aquí.

 

Veteranos y debutantes

El próximo sábado se cita en Sevilla a la élite cinematográfica española en el evento anual de mayor distinción audiovisual: los Goya. Entre los asistentes a la gala presentada por Clara Lago y Antonio de la Torre repiten directores ya laureados en otros años como Carla Simón (Alcarrás), Pilar Palomero (La Maternal), Rodrigo Sorgoyen (As Bestas), Alberto Rodríguez (Modelo 77) o Carlos Vermut (Mantícora). Sin embargo, la trigésimo séptima gala cuenta también con rostros debutantes cuyos proyectos aspiran al palmarés en más de una categoría, como Mikel Gurrea (Suro), Carlota Pereda (Cerdita), Elena López Riera (El agua) o Alauda Ruiz de Azúa (Cinco Lobitos), cuya ópera prima supera la decena de candidaturas.

 

¿Quién es quién?

Cinco Lobitos supone también la primera candidatura de Ramón Barea a mejor actor de reparto, hecho inédito y sorprendente dado el prestigio que el actor ha consolidado en su larga trayectoria. Comparte la nominación con Luis Zahera y Diego Anido (As Bestas), así como con Fernando Tejero y Jesús Carroza (Modelo 77). No obstante, el veterano intérprete no es la única persona vinculada al teatro que hará su incursión en el evento: Juan Diego Botto, que saltó a la fama gracias a la gran acogida de su obra Una Noche sin Luna, compite con En los márgenes, película que podría dar a Luis Tosar su cuarto Goya, aunque la competencia es del más alto nivel: Nacho Sánchez (Mantícora), Dénis Menochet (As Bestas), Javier Gutiérrez y Miguel Herrán (Modelo 77). Entre las actrices que se disputan el premio a mejor actriz protagonista están dos amigas y miembros de una misma generación: Vicky Luengo (Suro) y Anna Castillo (Girasoles silvestres), quienes recientemente se han expresado palabras de afecto y apoyo muto. Marina Foïs (As Bestas), Bárbara Lennie (Los renglones torcidos de Dios) y Laia Acosta (Cinco Lobitos) también compiten en la misma categoría. Por su parte, la categoría de mejor actriz de reparto irá a parar a Marie Colomb (As Bestas), Carmen Machi (Cerdita), Susi Sánchez (Cinco Lobitos), Penélope Cruz (En los Márgenes) o Ángela Cervantes (La Maternal).

 

Fronteras técnicas e internacionales

La animación y el documental españoles, considerados por muchos realizadores como lenguajes cinematográficos poco reconocidos en su país, aspiran a robustecer su cobertura nacional con una remesa de propuestas tan eclécticas como llamativas. Recordemos que en el año pasado, El limpiaparabrisas de Alberto Mielgo supuso el primer Óscar para la animación española. Unicorn Wars, de Alberto Vázquez, fue una favorita en el Festival de Sitges este año y apunta a ser un largometraje protagonista en la gala del sábado. El documental, por otro lado, será representado con A las mujeres de España, María Lejérraga de Laura Holman, El sostre groc de Isabel Coixet, Labordeta, un hombre sin más, de Paula Labordeta y Gaizka Urresti, Oswald, el falsificador de Kike Maíllo y Sintiéndolo mucho, de Fernando León de Aranoa. La parte de la gala reservada a la selección internacional apunta a ser de las más interesantes del evento: El premio a la mejor película iberoamericana se decidirá entre 1996 (Chile, Manuela Martinelli), Argentina 1985 (Argentina, Santiago Mitre), La jauría (Colombia, Andrés Ramírez Pulido) y Utama (Alejandro Loayza Grisi, Bolivia) y el de mejor película Europea entre Belfast (Kenneth Branagh, Reino Unido), Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, Italia) La peor persona del mundo (Joachim Trier, Noruega), Las ilusiones perdidas (Xavier Giannoli, Francia) y Un pequeño mundo (Laura Wandel, Bélgica). Mientras que las producciones iberoamericanas están mayoritariamente impregnadas de crudeza y de realismo social, las europeas, fieles a su tradición fílmica, presentan ficciones donde la capacidad sensorial de sus protagonistas se antepone al dinamismo narrativo.

 

Una gala particular

La expectación ante la próxima gala de los premios Goya es mayúscula, lo cuál no se debe solo al unánimemente probado alto nivel de los contenidos; se espera, también, una prolongación del debate sobre las reformas legales acaecidas recientemente en el sector. Será la primera enmarcada en el contexto de la nueva Ley Audiovisual, inicialmente acogida con recelo y escepticismo por muchos realizadores independientes al considerar su nueva definición legal como sometida a la competitividad de las grandes cadenas televisivas y de difusión por streaming. Se respira más aceptación, en cambio, por el recientemente aprobado Estatuto del Artista, siendo que las garantías de la compatibilidad de las prestaciones no contributivas con los rendimientos de la actividad artística que no superen el umbral del salario mínimo interprofesional han sido una reclamación constante en el sector. Sin duda, uno de los eventos que se harán notar tanto en el palco como en las pasarelas es la campaña impulsada por la Plataforma de Nuevos Realizadores y la Asociación de la Industria del Cortometraje: “El corto es cine”, con la que aseguran buscar “la unión del sector para crear una real industria del cortometraje” y luchar por la representación de un formato cinematográfico que juzgan como poco reconocido. En la Gala, el cortometraje español contará en total con quince candidaturas, cinco en la categoría de ficción: Arquitecutra Emocional 1959, de León Siminiami, Chaval, de Jaime Olías, Cuerdas, de Estíbaliz Urrasola Solagurren, La entrega, de Pedro Díaz y Sorda, de Eva Libertad y Eva Muñoz. El documental breve se disputa otras cinco: Trazos del Alma, de Rafa G. Arroyo, Memoria, de Nerea Barros. Maldita, a love song to Sarajevo de Amaia Remírez, La gabia, de Adán Aliaga y Dancing with Rosa, de Robert Muñoz Rupérez. Por último, el cortometraje de animación cierra el último tercio con Amanece la noche más larga, de Lorena Ares y Carlos Fernández de Vigo, Amarradas, de Carmen Córdoba, La prima cosa, de Omar A. Razzak y Shira Ukrainitz, La primavera siempre vuelve, de Alicia Núñez Puerto y Loop, de Pablo Poliedri.

 

Ausencias notables

El pasado domingo 5 de Febrero, el profesor Francesc Villalonga de la Universidad Ramón Llul explicaba en La Sexta cómo el sector audiovisual español supone un 0’72% del PIB anual. De todos los proyectos glosados bajo estas enormes operaciones económicas, son muy pocos los que consiguen llegar a ser siquiera seleccionados para recibir esta distinción, y las controversias por los echados en falta se hacen notar cada año. En esta ocasión, el caso más singular es Pacifiction de Albert Serra, que representó a España en Cannes y recientemente se ha hecho con el premio César a mejor película extranjera, pero es justo reconocer también a los cineastas que operan al margen del canon, ya sea por sentirse desplazados de la industria o por tener una mirada no compatible con ciertas aduanas narrativas, formales o estéticas. En el honrado empeño de crear nuevas sendas cinematográficas que interroguen y desafíen los límites del medio residen también el cine y el audiovisual del futuro.

 

Para recordar

Los nervios están a flor de piel para la que apunta a ser la gala más memorable en mucho tiempo. La recuperación de las salas de cine españolas tras la pandemia y el gran volumen de fondos invertidos en proyectos audiovisuales de este año (el Fondo de Cinematografía de los PGE 2023 se ha incrementado más de un 30% con respecto al año anterior y ha superado por primera vez el horizonte de 100 millones de euros, satisfaciendo finalmente una reivindicación histórica del sector), han propiciado una plantilla de títulos de iconografía deslumbrante. Con su capacidad de acercar una riqueza infinita de paisajes y situaciones al espectador, nuestro cine ha cartografiado realidades como las de la España interior o “vaciada”, ya sea de manera cruda y propicia al realismo social de Alcarràs, bajo el terror fantástico de Cerdita o mediante el thriller psicológico en As Bestas. Al calor del reciente debate social, la maternidad en las nuevas generaciones también ha gozado de enfoques señalados con Cinco Lobitos, La Maternal y Suro. Efectivamente, nuestras películas merecen ser celebradas y no solo anualmente, pues suponen un punto de encuentro de distintas voces cuya enriquecedora aportación al bagaje humanístico va más allá de sus particularidades individuales, trascendiendo fronteras para conformar un país donde no existen las aduanas ni para el que pedirán nunca pasaporte alguno: el cine, donde todo el mundo es bienvenido y puede tener algo digno que contar. Sin duda, lo verde no empieza solo al norte de los pirineos: tenemos una cosecha opípara en los Goya y varias, iguales o más fascinantes si caben, en la periferia del canon y que quedan por venir.

Pedro Vidal Palacios, 10 de Febrero de 2023.

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